Bonus Track

Este post quisiera ser, salvando todas las distancias, una cara B o un bonus track del  post en que Xavier Marcet, con el título de  Políticas públicas: cuando poner las condiciones no es suficiente, reflexionaba sobre la obsesión de los poderes públicas en poner condiciones y desplegar recursos (inversiones materiales) para el desarrollo del talento y el impacto económico sin atender, a menudo, a lo más importante, las persones, que son quines lo hacen posible. Esta reflexión es también muy válida en el campo de la gestión de la cultura donde todos podemos recordar y pensar en grandes proyectos o equipamientos que no han generado aquello que se esperaba, que se han quedado vacíos o que no han sabido desarrollar el potencial que tenían.

Sin embargo, en ocasiones, los poderes públicos, cuando priorizan olvidan que, junto a la inversión en la infraestructura, es muy importante incorporar en el proceso a aquellos que la tienen que hacer funcionar, a las personas que se ocupan de hacerlas activas y hacerlas accesibles a los ciudadanos, creadores, emprendedores… y hacer crecer el talento y las capacidades de la ciudad.

La lógica parece clara: las inversiones han de ser consecuencia de las políticas  culturales que son las que determinan que, para desarrollar determinadas acciones, son necesarias determinadas infraestructuras. En cambio, acostumbra a ser más habitual encontrar que las decisiones en la construcción de infraestructuras son previas a las políticas culturales, condicionándolas. Los proyectos culturales han de marcas las inversiones y no al revés.

En estos casos, acostumbra a pasar, y lo hemos visto en repetidas ocasiones, que ya no sirven como herramienta y se comen los presupuestos públicos, generado un abismo enorme entre las condiciones que se ponen para el desarrollo de proyectos y las necesidades reales. Entonces acaban ejerciendo una fuerza centrífuga del talento o de la creatividad, alejándose del territorio y forzando a que el desarrollo de las capacidades y de la creación se vaya a otro lugar si estas no son capaces de dar respuesta a las necesidades o expectativas de desarrollo personal, profesional o comunitario.

Esta desconexión territorial supone finalmente una pérdida importante del valor simbólico de las ciudades que repercute a medio o largo plazo en la vida de las comunidades…. En el fondo hay un acuerdo total con el post de Xavier Marcet y también hay la reivindicación de que, a veces, en cultura, se habla mucho de que no tenemos suficientes recursos para crear las infraestructuras adecuadas y las condiciones de trabajo no son suficientes para dar respuesta al potencial creativo que hay en el territorio cuando posiblemente lo que realmente pasa es que hay algo que no hacemos bien.

Si una de las principales funciones del gestor cultural es la de mediar entre creadores, ciudadanos y poderes públicos tenemos que conseguir hacernos un lugar en los espacios de toma de decisiones para argumentar con conocimientos y seriedad una visión del territorio que habitualmente no está sobre la mesa.

Y esta presencia es irrenunciable porque si no lo hacemos nosotros nadie más lo hará.

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