10 cosas que le pido a un concejal de Cultura

Imatge de J.R. Mora

En las próximas semanas comenzará una nueva campaña electoral. Ahora tocan elecciones municipales. Los partidos políticos ya hacen sus primeras tentativas de conexión con la ciudadanía: algunas primarias para escoger candidato a la alcaldía, confeccionar las listas, elaboración de programas electorales más o menos participativos, primeras declaraciones de posibles alianzas… la maquinaria de los partidos se desentumece del último plebiscito de hace pocos meses.

Acabamos de vivir el gran engaño del partido del gobierno actual que prometió cielo y tierra con un mensaje de conexión y renovación política que ha quedado en un gran recorte a diestro y siniestro sin criterio alguno y que aún no ha dicho claramente donde pondrá sus prioridades. Es más, parece que no lo hará hasta pasadas las municipales para continuar haciéndonos creer que ellos, “el govern dels millors”, tienen la receta para salir de la crisis sin hacer daño a las víctimas de la misma: la ciudadanía. Ninguna esperanza en este sentido.

Volveremos a los mítines, a la exclusiva utilización de los medios de comunicación tradicionales, a una presencia injustificada en la red… y a las grandes promesas. Y nos pedirán, de nuevo, que les votemos.

Difícil elección para los votantes, en general, y diría que para mí, en particular también, que nunca he cambiando el sentido de mi voto. Y no lo he hecho, creo, por responsabilidad, compromiso y una cierta lealtad ciudadana y ideológica. Hay que dar tiempo a los proyectos, a los equipos, a las personas… Los partidos políticos están formados por personas y los equipos de persones son claves en el desarrollo de los proyectos.

Por mi trabajo de años en las políticas públicas de la cultura municipal, siempre he estado en contacto directo con los políticos, con la política, manteniendo la distancia necesaria para interpretar correctamente los encargos, los proyectos y, con la máxima profesionalidad, darles el máximo sentido a aquello que podríamos llamar “políticas culturales”, un conjunto ordenado de acciones en un territorio que permita reconocer un proyecto cultural de ciudad, orientado, identificable y claro, que resuelva los problemas cotidianos del presente pero que plantee y aporte soluciones para el futuro. Es decir, la construcción de un relato cultural del territorio.

Y yo también le pido cosas a aquellos en quienes deposito mi confianza, en las personas por las que creo que vale la pena apostar. Así, pues, hago mi carta a los reyes y, sintéticamente en una especia de decálogo, le pido a los políticos y, especialmente al que ocupe el cargo de Concejal de Cultura, unas cuantas cosas:

  1. Que haga política. Ya lo sé, pedir a un político que haga política es como pedirle a “las manzanas cómo se acuestan para tener manzanas” pero los políticos se dedican a mandar sobre las estructuras técnicas, creyendo que porque el pueblo los ha escogido están poseídos por una ciencia infusa que los hace conocedores de la organización, de su historia y tradición, de sus valores, de los procesos, de la legislación… y del conjunto de conocimientos adquiridos por los equipos de trabajadores. Hacer política significa estar en contacto con la ciudadanía, conocer sus necesidades, impulsar servicios que las resuelvan sin caer en la presión cotidiana de las demandas concretas que no hace más que privatizar para unos pocos lo que es de todos.  Hacer poitica también es saber priorizar y dotar de recursos los proyectos que contribuyen al desarrollo comunitario y mejoran la ciudad, si tener que repartirlos equitativamente para contentar a todos. Y hacer política es ser coherente con la detección de necesidades, la definición de líneas estratégicas y la asignación de recursos.
  2. Que sea honesto, que no me engañe, que diga lo que piensa sin esconderse, que actúe tal y como siente y piensa, que no diga una cosa y haga otras, que se muestre tal cual, sin artefactos.
  3. Que lea. La lectura lleva directamente al conocimiento. Sí, leer nos hará libres. Y nos hará aprender cosas que no sabemos, porque no lo sabemos todo. Leer nos hará ver que hay gente que piensa de forma diferente a nosotros y que no es necesario que estemos de acuerdo en todo para poder trabajar juntos en algunas cosas. La lectura nos hace críticos con la realidad y con nosotros mísmos. No se puede confiar en alguien que no lee.
  4. Que escuche. No lo sabe todo. nadie lo sabe todo. Escuchar implica una actitud de incorporar a los otros, de ponerse en el lugar de los otros y de pensar. Pensar contratando lo escuchado con tu propia experiencia. Escuchar es actuar en compañía.
  5. Que piense en grande, que no se cierre en el despacho y dedique horas y horas a resolver los papeles que tiene sobre la mesa ni a hacer reuniones interminables. Que mire lejos y que sea capaz de animarme a llegar, que se ponga y me ponga retos, que no se quede en las cosas pequeñas que no llevan a ninguna parte y ocupan mucho espacio y tiempo. Ya tenemos gentes que se ocupa de eso y lo hace muy bien, Pensar en grande supone trascender límites y romperlos.
  6. Que arriesgue, que sea valiente. “Qui no s’arrisca no pisca” y arriesgar es de valientes. No tiene ningún sentido el continuismo, la burocracia, conservar lo que ya tienes y no apostar por proponer cosas nuevas, sin miedo.
  7. Que apueste por la creatividad en un sentido amplio. Para dar recursos a los creadores, para aprovechar las capacidades creativas de la ciudadanía, para implicarse en procesos nuevos que generen nuevas oportunidades y abran nuevas perspectivas. Que sea capaz de reconocer el talento y activarlo.
  8. Que se implique en el desarrollo de una cultura libre, creativa, compartida, abierta, de todos, sin privatizaciones ni exclusiones. Que conozca la red y sus posibilidades, que apueste por la alfabetización digital.
  9. Que tenga curiosidad. Observar, investigar, experimentar, aprender, pensar… necesitan de una gran dosis de curiosidad, de sorpresa, de mirada de niño pequeño que lo tiene todo por hacer y por conocer.
  10. Que no se justifique. No necesito que me expliquen continuamente las razones por las cuales no se puede sacar adelante una u otra propuesta porque no ha podido convencer a los otros de aquello en lo que cree. Si realmente se lo cree todo es posible y lo conseguirá. No quiero justificaciones, me importan un pito. La justificación es de mediocres.
Advertisements

Quant a rafamilan

Gestor Cultural
Aquesta entrada s'ha publicat en Castellà, General i etiquetada amb , , , , , . Afegiu a les adreces d'interès l'enllaç permanent.

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out / Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out / Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out / Canvia )

Google+ photo

Esteu comentant fent servir el compte Google+. Log Out / Canvia )

Connecting to %s