El grito…

Escribir me ayuda a pensar. También conversar. Aunque me resulta más agradable conversar que escribir. Lo hago con otros. Escribir requiere soledad, concentración y esfuerzo. Soy un poco vago, siempre lo he sido. La conversación me resulta agradable y me estimula el pensamiento sin grandes esfuerzos. Pero me gusta escribir, aunque lo hago poco, bastante menos de lo debiera, porque también lo necesito.

Hace tiempo que no escribo. Y eso no quiere decir que no piense, que lo hago y mucho. Es mi actividad principal junto a leer y escuchar música. También trabajo. Le dedico muchas horas al trabajo, más de las que debiera y, aunque me gusta, no lo considero mi actividad principal.

El Grito de Edvard MunchÚltimamente he empezado varios escritos que he acabado desestimando porque no decían nada, porque no me explicaban nada, porque este maldito capitalismo se ha apropiado hasta de nuestras palabras convirtiéndolas en huecas, nos ha colonizado el lenguaje. No solo nos han robado la vida y las expectativas individuales y colectivas de vivir en un mundo mejor, sino que nos han robado las expresiones, las palabras. Nos han metido en un bucle maldito de significados y contradicciones que nos culpabiliza incluso de nuestra propia capacidad de expresarnos simplemente hablando o escribiendo. El valor semántico que le damos a las palabras es lo que nos diferencia y este nuevo régimen mercantil que nos habita las ha homologado ¿Si nos roban las palabras que nos queda? Nada.

Nos han robado palabras como justicia, república, democracia, comunidad, ciudadanía, política, igualdad, cultura, participación, libertad… Palabras en las que creo (o he creído), que significaban cosas que ya no significan, que ya no me ayudan a expresar lo que pienso de las cosas.

Si pienso en la justicia no puedo más que ver a Garzón procesado por investigar el asesinato de miles de civiles durante la dictadura de Franco y a Camps riéndose del mundo porque sabe que no le pasará nada.

La palabra república está cargada de los imbéciles del Tea Party americano que, sin duda, constituyen la base y orientación de muchos comportamientos muy cercanos.

Si democracia es el sistema con el que elegimos a nuestros representantes estamos listos. Se hace muy difícil pensar que es posible hablar de democracia y imaginar esta bazofia de comedia en que se nos ha convertido la forma en que tomamos y toman decisiones por todos unos cuantos que no representan a nadie desde hace mucho tiempo, sólo a los mercados, claro.

Y ya que hablamos de mercados, en eso se ha convertido la cultura, en la industria cultural, en un conjunto de productos consumibles y exportables que nos identifican colectivamente y con los que algunos hacen dinero, otros pagamos y otros se endiosan. Muy triste.

¿Dónde está la ciudadanía? ¿Dónde la comunidad? ¿Cómo recuperar nuestros espacios de relaciones? Hemos perdido el sentido de lo público, de lo que es de todos, de nuestra capacidad de ser colectivamente, de preocuparnos por lo común y darle sentido y de cuidarlo y protegerlo. Cualquiera puede meter la mano en la olla y llevarse lo que necesita para especular. ¿cómo nos protegemos de eso? La política debiera servir para construir espacios colectivos y comunes, para ser colectivamente en y desde las diferencias. El pensamiento único triunfa anulando cualquier espacio de crítica. La participación implica ser parte de algo, sentirse responsable de eso y ser en lo colectivo sin renunciar a la individualidad.

¿Qué idea de libertad hay detrás de nuestros gobiernos? No tengo palabras…

Sólo nos queda el grito, mirar al horizonte de cielos rojos y azules y lanzar un grito desgarrado, ocupar la calle y volver a recuperar palabras que den sentido a lo colectivo, crearlas de nuevo si es necesario, compartirlas y defenderlas.

Adelante, pues, que todo esto ya ha sucedido antes y lo podemos remontar todas las veces que sea necesario.

Este poema de Rafael Alberti fue escrito en plena guerra civil, en 1937, y recuperado y cantado por Paco Ibáñez en el Olympia en 1969

Cuando tanto se sufre sin sueño y por la sangre
se escucha que transita solamente la rabia,
que en los tuétanos tiembla despabilado el odio
y en las médulas arde continua la venganza,
las palabras entonces no sirven: son palabras.

Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas,
qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,
qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua!

Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta
cuando desde el abismo de su idioma quisiera
gritar que no puede por imposible, y calla.

Siento esta noche heridas de muerte las palabras

The Scream from Sebastian Cosor on Vimeo.

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Una resposta a El grito…

  1. mardiaca ha dit:

    Un text de Cortázar que m’ha recordat aquest post, “las palabras” de Julio Cortázar
    http://lists.indymedia.org/pipermail/cmi-peru-impresos/2006-June/0703-yo.html

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