“la expresión libera afectos y son los afectos los que nos mueven”

Estamos sometidos a una inmensa cantidad de estímulos espectaculares que a menudo no dejan espacio para procesar los afectos, las reacciones, pensamientos, sentimientos que nos provocan. Podría ser la cantidad y la finalidad de estos estímulos la que ha ahogado las reacciones y minimizado la intensidad de los mensajes. La ingente cantidad de estímulos deriva en una era de la fascinación que nos hace pasivos, de reacción leve y de movimiento escaso. Así nos va.

Las modas mediáticas globales, los artefactos estéticos de circulación máxima, los ímputs constantes de sonidos, imágenes, vídeos y otros mecanismos de información -y mercantilización- vienen acompañados de un empobrecimiento de los contenidos a menudo por un exceso de medios, funcionan como un mecanismo de disusasión.

A todo esto se suma la “irrealidad moderna”, esta persecución del hiperrealismo: conseguir la máxima exactitud, la verdad absoluta, los máximos datos, buxcando aquello que es “real”, aséptico, neutro… Mensajes o signos donde las personas destinatarias ya no tienen que añadir nada, ni tienen la posibilidad de incorporar su idelogía y bagaje cultural…. El emisor lo aporta todo y, por tanto, casi acaba suprimiendo y aboliendo cualquier posibilidad de interpretación personal, de descodificación simbólica.

También la mediatización y los medios coartan cualquier posibilidad de interpretación de los mensajes y los actos, todo nos llega masticado y interpretado por los medios que, operando como perpetuadores del sistema, aportan visiones parciales que abolen la reacción crítica por parte de muchos ciudadanos que solo ven el mundo desde los ojos de los opinadores populares.

¿Dónde quedan los lenguajes artísticos no mercantilizados en este contexto en que nos colonizan las estadísticas, las tablas y datos que aportan una visión determinista y única del mundo, pretendidamente, “real”, científica? ¿dónde quedan los medios/canales capaces de abrir espacios de crítica y reflexión de forma no predeterminada y única?

Estamos en el mundo de la producción: bienes, objetos, y también realidades… Antes esto, de esta hiperrealidad perpetuadora nos quedan la seducción y los afectos como herramientas de exploración de otras realidades posibles, de la recuperación de la compleljidad y la humanización.

La seducción y su capacidad de desviarnos de la “realidad”, de movernos hacia nuevos escenarios operando desde el signo y el ritual, desde el artificio, desde el arte y las manifestaciones que apelan a universos simbólicos y dejan espacios por donde respirar de forma no condicionada. La seducción genera una capacidad de reversibilidad y, por tanto, de cambio, de desafío ante la hiperrealidad que se cuela por todas partes. Hay que entender la idea de seducción como un mecanismo que abre espacios de exploración yno como un elemento de dominación o condicionamiento de unos a otros.

Los afectos porque nos ponen en relación desde la expresión individual, porque son los afectos los que nos mueven y remueven, son capaces de favorecer cambios, alianzas desde escalas pequeñas. Las expresiones y los afectos ponen en relación el yo privado con lo que nos rodea, no basándose en la contraposición con los otros sino a partir de un espacio de relación común. Los afectos reordenan la forma de ver y vivir, nos ayudan a construirnos la realidad y también ayudan a modificar nuestras formas de analizar, de actuar ante los ímputs y mensajes “hiperrealistas”.  Son los afectos los que nos mueven -o nos ayudan a mover hacia nuevos escenarios, abriendo el abanico de posibilidades-.

Y qué hacemos desde la cultura respecto a los afectos y la seducción?

La política se ha centrado en las infraestructuras, en construir elementos visibles sin dedicar ningún esfuerzo a los intangibles, ni a favorecer la producción de discursos simbólicos complejos, ricos, diversos, críticos… Dejar legado en forma de piedra, para ser suaves.

La política cultura se ha erigido como un complejo elemento que aporta a la gobernabilidad y al consenso, a la perpetuación de los sistemas, como muestra de poder y, últimamente, ha introducido de forma extrema la mercantilización de la cultura y el arte.

El mercado ha entrado de pleno en el arte y la cultura, buscando la plusvalía máxima de cada obra y cada persona. La colonización de las formas y el vaciado de contenido.

Algunos proyectos públicos de proximidad han asimilado los nuevos lenguajes mercantilistas substituyendo el trabajo en comunidad, la posibilidad de favorecer espacis y momentos de producción conjunta de significados, por un trabajo técnico, de márqueting y planificación, en que los contenidos muy a menudo quedan en un segundo o tercer lugar.

En general, buena parte del sector cultural, nos hemos vendido a la estadística, a las evaluaciones numéricas, a peso, que siempre buscamos que más persones visiten o asistan que no a la capacidad de crear un relato humano y humanizador de las experiencias y de la capacidad de generar movimientos y comuniddes que cultiven y creen significados y los distribuyan, que tejan redes sociales y simbólicas compartidas…

Y ¿dónde están los valores? Afectivismo y seducción deberían ser dos conceptos clave para las persones que gravitamos alrededor del mundo de la cultura, la creación y las personas. Para poder contribuir, desde estos valores y otros, a generar y participar de comunidades abiertas en que la transmisión, el intercambio y la creación faciliten la exploración de los límites y ayuden a abrir nuevos escenarios sociales.

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El títol está extraído del Manifest Afectivista de Brian Holmes
Post a propósito de las lecturas del Manifest Afectivista de Brian Holmes i De la Seducción de J. Baudrillard
La primera imagen la hemos extraído de aquí i la segunda desde aquí
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Quant a mardiaca

Treballo amb persones des de la cultura, a @lacapsa
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