Sentir la cultura local como la historia de un fracaso

Disculpen pero, ya me conocen, prefiero partir de estos máximos por si hubiese hueco para consensos medios. Un regateo conceptual que acerque un precio conveniente para ambas partes. No quiero pues entrar en el consabido “estamos mejor que antes”, sólo faltaría, ni en la mención de las notables experiencias y personas excepcionales que trabajan en entornos poco favorables. Estamos mejor que antes, puede que sí en sus aspectos mecánicos, en obviedades, pero no sé si de verdad en sus fundamentos evolutivos, intelectuales. Por similitud: una especie de analfabetismo funcional que ha atacado a la cultura. Una especie de cultura disfuncional.

Voy a pensar en  términos locales por razones evidentes, trabajo en el entorno local (aunque bien expandido) y creo firmemente que éste es el gérmen para cualquier progreso, por una parte, y el mejor caldo de cultivo, por otra, para las extravagancias de los iluminados: por eso afirmaré, también parecerá exagerado, que la gestión de la cultura ha hecho mucho daño a la Cultura. Mucho daño porque desde una gravísima miopía (en el mejor de los casos y sin suponer maldad) se ha reducido el concepto a su aspecto más mecánico. “Somos más de hacer que de pensar” ha sido el precinto de garantía más habitual. Y digo precinto con toda la intención: aquello que impide la apertura, que impide que nada entre ni salga.

La gestión de la cultura local ha sido enfocada como un dispensario. Así, lamentablemente, sin más. Y no voy ni siquiera a mencionar cuánta responsabilidad tiene la mediocre casta política, ni la servidumbre de los niveles poli-técnicos. No merece la pena.

Todo se ha invertido en los fastos del presente mientras se ha menospreciado la investigación hasta extremos vergonzantes. Indiferencia, en el mejor de los casos, y sospecha para cualquiera que haya osado esclarecer con la reflexión ese oscuro escenario de la cultura local. He conocido y conozco, quizá con mayor fanatismo ahora, muchos destierros. La ignorancia se trastorna y encoleriza cuando tiene poder.

Esta es la lectura del fracaso: el mundo de la cultura esta atrapado entre la ignorancia y la falta de liquidez. Las administraciones locales se han convertido en máquinas expendedoras y poco más. Con mayor o menor éxito dependiendo de la capacidad de sus comerciales o del saldo de sus arcas. Con mayor o menor aceptación según el brillo de sus festivales de verano o de sus celebraciones patronales. El error de haberse abandonado en manos de feriantes.

Pocas instituciones locales de cultura son capaces de generar conocimiento, de ir mas allá de esas funcionalidades básicas que se quieren etiquetar como cultura. Ni saber leer es suficiente para comprender un texto ni llenar festivales implica una ciudadanía culta. Todo se mide por las interpretaciones absurdas, livianas, falsas y estúpidas de los porcentajes y los productos interiores brutos o salvajes. La disfunción de la cultura ni siquiera supone un mal sueño porque ni siquiera son conscientes de haberse dormido. Mal se puede despertar.

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Una resposta a Sentir la cultura local como la historia de un fracaso

  1. Carles Vicente ha dit:

    Em sembla força excessiu el comentari. Sobretot quan no s’ha aporta cap alternativa. Difícil trobar concens a partir de maximalismes.

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