el sentido cambia cuando cambian los contextos

No existe ningún tipo de desarrollo que no provenga de los espacios mínimos. Ni la cultura ni ninguna de las cuestiones que permiten y provocan el desarrollo humano es capaz de emerger sin que provenga de la misma esencia.

Hemos sido capaces de enmascarar la realidad con infinitas acciones  en un eventismo industrializado que concatenó de modo ininterrumpido la actividad y la distribución de productos y expresiones culturales de la más diversa índole. No estoy seguro de que ese sistema se haya ido derivando de procesos y métodos reflexivos concretos y contundentes, ni siquiera, miren, los que hubieran correspondido a la mercadotecnia. Dudo que haya habido una intención progresiva desde la cultura especulativa, reflexiva y teórica hacia la cultura aplicada. Más bien diría yo que esa tendencia a la investigación y la teorización se ha ido relegando y en algunos casos despreciando.

¿Corresponde a la cultura pública un comportamiento semejante? No corresponde, es evidente pero la triste realidad constata que sí, que se toma como referencia el interés del corto plazo político, de partido. Porque la política, lamentablemente, ha sido secuestrada por los partidos y enajenada de toda participación fuera de estas estructuras corporativas. La demostración reside ya no solo en la sospecha sino en la confrontación de datos. No dejan de ser estructuras cuyo interés primordial es el máximo beneficio gremial. Sin embargo la cultura no puede aplicar ninguna acción sin que exista una reflexión coherente y sólida. Aunque su planteamiento final operativo venga determinado por la programación en sus diferentes modalidades es absolutamente nocivo que no exista un consistente fundamento reflexivo. Es incoherente, además, si lo que se desea es devolverla a sus raíces sociales.

Y estos espacios mínimos también corresponden a aquellos que conectan directamente con la ciudadanía. Porque generar cultura no es únicamente reproducir producto sino, creo lo más importante, actitud, comportamiento, conocimiento. Y, lo crean o no, el sentido cambia cuando cambian los contextos y el nuestro ha cambiado mucho.  Y ya no volveremos, ojalá, a ser como antes. Porque tampoco vamos a poder consumir cultura (me pongo en la cabeza de los que entienden este término, yo, disculpen, no puedo) como pretendían que la consumíamos antes de esta trampa en la que hemos caído. ¿Volveremos a las marcas blancas también aquí? ¿Y qué son las marcas blancas en cultura? ¿Están dentro de esos espacios mínimos?

El capitalismo industrial sigue perdiendo posiciones mientras desde ciertos frentes continúa  el empeño por la industria cultural. Quizá porque la pereza intelectual nos conduce a la inercia. Y porque aunque no se haya querido ver desde nuestro torreón y faro (decir esto en los tiempos de gloria ha sido anatema) ahora comprobamos que la dificultad de consumo relega a la cultura, a la cultura tomada como eso, a un plano subsidiario.  Y nos extraña! No sé qué es lo que esperábamos cuando estábamos generando ciudadanos consumidores.  Si hemos provocado semejante situación mal podemos sorprendernos. En todo caso, me da la impresión de que seguimos sin entrar todavía en el fondo del asunto. Y aunque no quito ni una pizca de gravedad al asunto del 21% del IVA seguimos fomentando los discursos monetaristas.

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de marees i pastanagues

El passat dissabte el Xavi Urbano penjava una foto amb la columna del Josep Maria Pou al Periódico de Catalunya sobre la Marea Roja alertant sobre algunes de les opinions que l’actor feia a propòsit d’aquest recent moviment. Un cop llegit el text comparteixo algunes divergències respecte de les explicacions i opinions que dóna Josep Maria Pou en la seva columna.

A més del mapa -en què es poden veure gràficament les discrepances i algunes respostes a la columna- m’agradaria aprofundir en algunes d’aquestes respostes ja que el format de post ho permet.

marearoja_JMPOU_mapa

Intueixo que la major part de la gent que ens vam reunir al Teatre Victòria el passat dilluns no anàvem en nom d’empreses o institucions sinó com a persones vinculades a la cultura de forma més o menys professional i que compartíem la preocupació per la duresa de la situació en el teixit cultural. Crec que el moviment no és un moviment de la indústria sinó de persones que, ja en èpoques de falsa bonança, coneixíem molt bé què volia dir viure de forma precària.

La Marea Roja tampoc surt del no res, hi havia un bon brou. La feina feta per la comissió de cultura de l’acampada 15M, la reunió de TRIBUS al PARC, la comissió 8 d’octubre… Fa temps que persones relacionades amb la cultura ens movem i volem lluitar per moltes coses.

Que la precarietat és un denominador comú del sector cultural no és una situació nova, però el mateix sector ha assumit, des de ja fa uns anys, un discurs economicista i industrial que ha anat ocupant el terreny, ficcionant la realitat i pensant la cultura com un motor econòmic que no és ni ha estat (com bé explica Jaron Rowan). Aquest discurs “de mercat” ha convertit a artistes, creadores, actrius en “emprenedores” -la paraula de moda- o bé, per dir-ho amb altres paraules, subjectes econòmics, com torna a explicar molt bé en Jaron.

La lluita per la baixada de l’IVA és complexa. La primera assemblea es va convocar amb una intenció inicial de començar les reclamacions del sector cultural per la reducció de l’IVA en la cultura. Però la mateixa assemblea va ratificar que les lluites havien de ser unes altres. Josep Maria Pou defensa que l’augment d’IVA està relacionat amb la dificultat d’accés a la cultura, simplificant així la cultura a allò que té un preu gravat amb l’impost. Per totes és sabut que l’augment de l’IVA és una qüestió ideològica que se situa en un context d’una politica neoliberal salvatge i que el debat i l’emergència del sector va molt més enllà d’aquest impost.

Cal rebaixar l’IVA, sí, i cal un sistema tributari progressiu, també. Però tal i com em comentava el Jordi Oliveras, cal veure quines economies hi ha darrere de cada projecte i, en cas que no hi hagi una voluntat de lucre, caldria lluitar per l’exempció d’IVA. Lluitar, per tant, des de la cultura, per impulsar i fer visibles altres economies, altres formes de subsistència i altres models de treball no basats en el guany o l’especulació. I en cultura d’aquests projectes n’hi ha molts.

La Marea Roja serà en defensa dels drets socials i per canviar el sistema actual o no serà. La lluita de i per la cultura no té sentit fora d’altres lluites, la dels drets socials: el dret a una educació de qualitat, a una sanitat pública i universal, a un habitatge digne, a uns serveis socials i assistencials per a les persones que els necessitin, a una justícia real, el dret d’expressió i de implicació en la vida pública amb mecanismes de democràcia i representativitat real… En fi, en un model social centrat en les persones i no en les finances. Cal lluitar “per” i no “contra de”, com ve s’explica en aquest post d’Interferencias

Per últim, un incís que ja va comentar alguna persona a l’assemblea quan es va suggerir la idea del Tsunami… un tsunami devasta mentre que les marees un cop baixen, deixen un pòsit reproductiu que és el que hauríem de garantir que fos aquest moviment que tot just comença a treure el cap.


Ens veiem a l’assemblea, lluitem als carrers. Sense drets socials no hi ha cultura, sense cultura no hi ha drets socials!

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de mareas y zanahorias

El pasado sábado Xavi Urbano colgaba una foto con la columna de Josep Maria Pou en el Periódico de Catalunya sobre la Marea Roja alertado sobre algunas de las opiniones que el actor hacía a propósito de este reciente movimiento. Una vez leído el texto comparto algunas divergencias respecto a las explicaciones y opiniones que da Josep Maria Pou en su columna.

Además del mapa -en el que se pueden ver gráficamente las discrepancias y algunas respuestas a la columna- me gustaría profundizar en algunas de estas respuestas ya que el formato de post lo permite.

marearoja_JMPOU_mapa

Intuyo que la mayoría de la gente que nos reunimos en el Teatro Victòria el pasado lune no íbamos en nombre de empresas o instituciones sino como personas vinculadas a la cultura de forma más o menos profesional, y que compartíamos la preocupación por la dureza de la situación en el tejido cultural. Creo que el movimiento no es un movimiento de la industria, sino de personas que, ya en épocas de falsa bonanza, conocíamos muy bien qué quería decir vivir de forma precaria.

La Marea Roja tampoco surje de la nada, había un buen caldo. El trabajo hecho por la comissió de cultura de l’acampada 15M, la reunión de TRIBUS al PARC, la plataforma 8 d’octubre… Hace tiempo que personas relacionadas con la cultura nos movemos y queremos luchar por muchas cosas.

Que la precariedad es un denominador común del sector cultural no es una situación nueva, pero el mismo sector ha asumido, desde ya hace unos años, un discurso economicista y industrial que ha ido ocupando terreno, ficcionando la realidad y pensado la cultura como un motor económico que no es ni ha sido (como bien explica Jaron Rowan). Este discurso “de mercado” ha convertido a artistas, creadoras, actrices en “emprendedoras” -la palabra de moda- o bien, por decirlo con otras palabras, sujetos económicos, como  vuelve a explicar muy bien Jaron.

La lucha por la disminución del IVA es compleja. La primera asamblea se convocó con una intención inicial de empezar las reclamaciones del sector cultural por la reducción del IVA en la cultura. Pero la misma asamblea ratificó que las luchas debían ser otras. Josep Maria Pou defiende que el aumento del IVA está relacionado con la dificultad de acceso a la cultura, simplificando así la cultura a aquello que tiene un precio grabado con el impuesto. Por todas es sabido que el aumento del IVA es una cuestión ideológica que se sitúa en un contexto de una política neoliberal salvaje y que el debate i la emergencia del sector va mucho más allá de este impuesto.

Es necesario rebajar el IVA, sí,  y es necesario un sistema tributario progresivo, también. Per tal y como me comentaba Jordi Oliveras, hay que ver qué economías hay detrás de cada proyecto y, en caso de que no haya una voluntad de lucro, habría que luchar por la exención del IVA. Luchar, por tanto, desde la cultura, para impulsar y hacer visibles otras economías, otras formas de subsistencia y otros modelos de trabajo no basado en el beneficio o la especulación. Y en cultura de estos proyectos hay muchos.

La Marea Roja será en defensa de los derechos sociales y para cambiar el sistema actual o no será. La lucha de y por la cultura no tiene sentido fuera de otras luchas, la de los derechos sociales: el derecho a una educación de calidad, a una sanidad pública y universal, a una vivienda digna, a unos servicios sociales y asistenciales para las personas que los necesiten, a una justicia real, el derecho de expresión y de implicación en la vida pública con mecanismos de democracia y representatividad real… En fin, en un modelo social centrado en las personas y no en las finanzas. Hay que luchar “por” y no “contra de”, como bien se explica en este post de Interferencias

Por último, un inciso que ya comentó alguna persona en la asamblea cuando se sugirió la idea del Tsunami… un tsunami devasta mientras que las mareas cuando bajan dejan un poso reproductivo que es el que deberíamos de garantizar que fuera esta movimiento que justo ahora empieza a enseñar la cabeza

Nos vemos en la asamblea, luchemos en las calles. ¡Sin derechos sociales no hay cultura, sin cultura no hay derechos sociales!

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Las relaciones (y no voy a decir nuevas) con la cultura

Como en otras tantas cuestiones, quizá esta con más sentido, la necesidad de refrescar los  diálogos y de generar discursos que engarcen con los nuevos contextos socio-políticos, económicos y, sobre todo, experienciales y vitales, se presenta como objeto de emergencia. La humanidad (la que nosotros vivimos desde ese  pedestal que demasiadas veces ignora lo que tiene debajo) se ha convertido en una especie de migración de modelos. Ni la apreciación de las sensibilidades ni la más absoluta cotidianeidad prosaica la podemos analizar con ojos pretéritos. La rapidez con la que mutan conceptos y modos de percibir nos señala una grave dificultad para las personas que dicen gestionar eso tan ingestionable como es la cultura. Las dinastías culturales también mutan y reconocernos como sociedad requiere de una trayectoria intelectual que muchos no desean emprender y otros tantos no están preparados.

Quien juega con la cultura se enfrenta a una inestabilidad no solo conceptual, como se creía hasta hace bien poco, sino a aquella que parte de la necesidad de deconstruir los principios y fascinaciones sobre los que se habían fundado los edificios de una modernidad supuestamente dinamizada y perfectamente amarrada en sólidas instituciones.

La cultura parece haberse quedado hoy en una cantinela que acompaña las explicaciones de una perturbadora forma de sociedad difusa. Algo poco inocente si se va hasta el fondo, sobre todo cuando lo que mueve las obsesiones de esas políticas es el ir haciendo sin solidez ni rudimento.  (Por eso no quiero que me rescaten, añado). O lo que es lo mismo, quizá la cuestión sea que nos preocupamos por ciertas manifestaciones externas de la cultura mientras olvidamos su esencia

El carácter reconstituyente y vitalista de la cultura permanece oculto en una amalgama de propuestas eclécticas que se pierden en un mercadillo de materiales sueltos. Ante esta realidad no podemos dejar de constatar que muchas instituciones (contando en ellas no sólo a los políticos que las manosean sino a los técnicos que las dirigen) están muy rancias en sus axiomas. Una especie de instituciones bloatware que sólo generan código muerto. Algo polémico y difícil porque requiere, sobre todo, una decidida regeneración de actitudes más que de aptitudes.

En todo caso, es mi sensación, estamos pasando por un periodo de anormalidad intelectual en la interpretación de la cultura. Además de por un evidente estancamiento operativo fruto no cabe duda de una ausencia total de relevo generacional  en las instituciones públicas (y no hablo sólo de edad sino de esencia intuitiva y especulativa). Evocamos más que creamos y, lo peor, balbuceamos la “necesidad de cultura” deslumbrados por modelos que ya no existen, por ese oropel en la que la convertimos durante las últimas décadas.

Parece que abrazamos ahora el amor y el desdén en una especie de vacío, en una especie de nostalgia que no podemos evitar. Porque quizá todavía seamos herederos de la dialéctica alta-baja cultura a pesar de haber transitado por un periodo de aparente compromiso. Y porque en ese impase, la mercadotecnia terminó de encandilarnos. Hoy nos dolemos de esas anomalías. Porque la cultura no es un lugar donde quedarte a vivir sino la lanzadera para ir emprendiendo viajes. No estoy muy seguro de que la realidad actual reconozca ese fundamento. Debemos pensar los tránsitos quizá más que las estancias.

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unes notes sobre la cosa pública i la cultura

aquest post va ser publicat originalment a Nativa.cat 

Jordi Oliveras em va donar l’oportunitat de participar en el darrer Fòrum d’Indigestió que amb el títol de “Les lluites de la cultura” pretenia contrastar, en tres diàlegs, diferents posicionaments davant del fet cultural: Indústria Cultural i Cultura Lliure, Sector públic i Cultura de la Transició i Societat Civil i Sector Artístic. A mí em va correspondre el diàleg amb Guillem Martínez al voltant de Sector Públic i Cultura de la Transició. Un luxe compartir taula i contrastar idees amb Pau Llonch, Xavier Marcé, Guillem Martínez, Montse Moliner i Itziar González.

Deixo per escrit les quatre idees que volia expressar al Fòrum i sobre les que ens interpelava a tots plegats el Jordi. I ho faré des del meu posicionament com a treballador públic de la Cultura.

1. Em costa molt definir Cultura. Em resisteixo contínuament a fer-ho malgrat cada dia hi ha més gent interessada a fer definicions i acotacions. Com a molt sóc capaç de barbotejar amb la boca petita que Cultura té a veure amb tot allò que fem les persones i poca cosa més. Com sigui, crec que quan parlem de cultura parlem també de política, o potser a l’inrevés. Quines són, doncs, les lluites de la cultura? Doncs totes les lluites que tenen a veure amb allò que fem les persones.

2. L’Estat no és més que un estri del què ens hem dotat la societat per gestionar allò que és de tots i li hem delegat perquè ho faci. Potser hi ha coses que també són de tots i no li hem delegat. L’Estat no s’ha de posar en això, no s’ha d’apropiar del que no és seu. I el que és seu és nostre. L’Estat ha de trobar un model de relació amb d’altres formes d’organització col·lectiva sense apropiar-se’n ni intervenir-hi, altres formes que permetin desenvolupar altres models de governança que relacionin recursos i comunitat.

El sector públic ha fet de distribuidor de mercaderies, legitimador de mercats artificials (la bombolla cultural), ha creat competència per sobre de la col·laboració, ha esdevingut controlador de la comunitat, homogeneitzador, oferint un relat únic de la societat, tancat en sí mateix, d’apropiador d’allò col·lectiu.

Les lògiques del mercat han contaminat en excés el valor públic i la funció social de la cultura, amb l’excusa de l’eficiència, introduint conceptes i llenguatges que no li són propis, alterant d’aquesta manera la seva raó inicial de ser.

Malgrat això, crec que hem d’anar cap una altra forma de fer cultura des d’allò públic que està directament relacionada amb la creació de comunitats, actuant com a connector d’individualitats, posant condicions perquè passin coses, garantint la diversitat de formes d’expressió i convivència, assegurant la diversitat, ajudant a la formació de pensament crític.

La intervenció del sector públic en cultura, doncs, ha de garantir l’accés de tothom al coneixement i a desenvolupar les pròpies capacitats crítiques i creatives. El criteri públic ha de ser posar la ciutadania per davant de la clientelització en l’accés als serveis públics. Els serveis públics de cultura, els equipaments culturals han de desenvolupar projectes que funcionin com a motor i conflictuadors socials. La política cultural ha de donar sentit a les accions culturals del sector públic i el sentit és ideologia.

Els professionals de la cultura (del sector públic) han de marcar els límits entre evangelització (instrumentalització per part dels governs) per domesticar i alguns principis d’ètica professional (vocació de servei públic) que té molt a veure amb activar la pròpia experiència, conèixer el context on es treballa, dedicar temps a la reflexió i actuar en conseqüència. El paper dels treballadors públics ha de ser, valga la redundància, vetllar per allò públic, allò que és de tots.

3. Qui ha de lluitar? Hi ha mots subjectes en aquesta lluita. Les lluites són diverses amb espais d’unió i desunió. Indústria/Comunitat, Professionals/Ciutadania, Creadors/Emprenedors… La tensió en totes aquestes lluites és necessària i creativa. No podem defugir el debat. No és imprescindible unificar les lluites. Segurament és important que puguin ser diverses i compartides, convergents i paral·leles… Si hem après alguna cosa és a reconèixer la complexitat i com és de necessària.

4. Quin és l’objecte? La dominació, el pensament únic, qualsevol forma d’homogeneització, de simplificació, de relat únic, d’instrumentalització, de control. De vegades no es presenten de forma explícita i no és fàcil trobar-lo. Cal treballar en una línia d’enganxar-se a d’altres lluites socials desenmascarant i posant en envidència la guerra què estem vivint actualment. Lamentablement avui la representació de l’Estat és la policia. La criminalització de la dissidència, la violència policial de l’estat són símptomes del que no s’entén. De la distància entre els poders públics i la ciutadania. La corrupció s’ha estés de tal manera que ja no és possible extirpar-la. Cal començar de nou. Cal canviar-ho tot, un nou procés constituent, una nova manera de fer política i fer democràcia.

També crec que és necessari un posicionament individual davant de tot això: el qüestionament com a actitud individual. Una actitud sostinguda de hackeig cap al sistema però tambe cap a un mateix. Formar part del sistema no sempre vol dir ser sistema, si la gent de la cultura estem és per modificar-lo.

I acabo amb que no és possible que la vocació pública vingui com a inspiració divina i al dia següent desaparegui. No és possible passar del públic al privat i del privat al públic com qui no vol la cosa i no passa res. És possible treballar per la comunitat des del privat però no es pot permetre treballar pel privat des de lo públic.

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unas notas sobre la cosa pública y la cultura

este post fue publicado originalmente en Nativa.cat

Jordi Oliveras me dió la oportunidad e participar en el último Forum de Indigestió que con el título de “Les lluites de la cultura” pretendía contrastar en tres diálogos diferentes posicionamientos ante el hecho cultural: Industria Cultural y Cultura Libre, Sector Público y Cultura de la Transición y Sociedad Civil y Sector Artístico. A mí me correspondió el diálogo con Guillem Martínez alrededor de Sector Público y Cultura de la Transición. Un lujo compartir mesa y contrastar ideas con Pau Llonch, Xavier Marcé, Guillem Martínez, Montse Moliner y Itziar González.

Dejo por escrito las cuatro ideas que quería expresar en el Forum y sobre las que nos interpelaba Jordi. Y lo haré desde mi posicionamiento como trabajador público de la Cultura.

1. Me cuesta definir Cultura. Me resisto contínuamente a hacerlo a pesar de que cada día hay más gente interesada en hacer definiciones y acotaciones. Como mucho soy capaz de balbucear con la boca pequeña que Cultura tiene que ver con todo aquello que hacemos las personas y poca cosa más. Como sea, creo que cuando hablamos de cultura lo hacemos también de política, o quizá es al revés. ¿Cuáles son, pues, las luchas de la cultura? Pues todas las luchas que tienen que ver con aquello que hacemos las personas.

2. El Estado no es más que un instrumento del que nos hemos dotado la sociedad para gestionar aquello que es de todos y le hemos delegado para que lo haga. Es posible que haya cosas que también son de todos y no le hemos delegado. El Estado no se debe de poner en esto, no se debe apropiar de lo que no es suyo. Y lo que es suyo es nuestro. El Estado ha de encontrar un modelo de relación con otras formas de organización colectiva sin apropiarse ni intervenir, otras formas que permitan desarrollar otros modelos de gobernanza que relacionen recursos y comunidad.

El sector público ha hecho de distribuidor de mercancías, legitimador de mercados artificales (la burbuja cultural), ha creado competencia por encima de la colaboración, se ha convertido en controlador de la comunidad, homogeneizador, ofreciendo un relato único de la sociedad, cerrado en sí mismo, y apropiador de lo colectivo.

Las lógicas del mercado han contaminado en exceso el valor público y la función social de la cultura con la excusa de la eficiencia, introduciendo conceptos y lenguajes que no le son propios, alterando de esta manera su razón inicial de ser.

A pesar de eso, creo que hemos de ir hacia otra forma de hacer cultura desde lo público que está directamente relacionada con la creación de comunidades, actuando como conector de individualidades, poniendo condiciones para que pasen cosas, garantizando la diversidad de formas de expresión y convivencia, asegurando la diversidad, ayudando a la formación de pensamiento crítico.

Así, la intervención del sector público en cultura debe garantizar el acceso de todos al conocimiento y a desarrollar las propias capacidades críticas y creativas. El criterio público deber ser poner la ciudadanía por delante de la clientelización en el acceso a los servicios públicos. Los servicios públicos de cultura, los equipamientos culturales han de desarrollar proyectos que funcionen como motor y conflictuadores sociales. La política cultural tiene que dar sentido a las acciones culturales del sector público y el sentido público es ideología.

Los profesionales de la cultura (del sector público) han de marcar los límites entre evangelización (instrumentalización por parte de los gobiernos) para domesticar y algunos principios de ética profesional (vocación de servicio público) que tiene mucho que ver con activar la propia experiencia, conocer el contexto donde se trabaja, dedicar tiempo a la reflexión y actuar en consecuencia. El papel de los trabajadores públicos hade ser, valga la redundancia, velar por lo público, aquello que es de todos.

3. ¿Quien ha de luchar? Hay muchos sujetos en esta lucha. Las luchas son divesas con espacios de union y desunión. Industria/Comunidad, Profesionales/Ciudadanía, Creadores/Emprendedores… La tensión en todas estas luchas es necesaria y creativa. No podemos rehuir el debate. No es imprescindible unificar las luchas. Seguramente es importante que puedan ser diversas y compartidas, convergentes y paralelas… Si hemos aprendido alguna cosa es a reconocer la complejidad y como es de necesaria.

4. ¿Cuál es el objeto? La dominación, el pensamiento único, cualquier forma de homogeneización, de simplificación, de relato único, de instrumentalización, de control. A vees no se presentan de forma explícita y no es facil encontrarlo. Hay que trabajar en una línea de engancharse a otras luchas sociales desenmascarando y poniendo en evidencia la guerra que estamos viviendo actualmente. Lamentablemente hoy la representación del Estado es la policía. La criminalización de la disidencia, la violencia policial del estado son síntomas de lo que no se entiende, de la distancia entre los poderes públicos y la ciudadanía. La corrupción se ha extendido de tal manera que ya no es posible extirparla. Hay que empezar de nuevo. Hay que cambiarlo todo, un nuevo proceso constituyente, una nueva manera de hacer política y hacer democracia.

También creo que es necesario un posicionamiento individual ante todo eso: el cuestionamiento como actitud individual. Una actitud sostenida de hackeo hacia el sistema pero también hacia uno mismo. Formar parte del sistema no siempre quiere decir ser sistema, si la gente de la cultura estamos es para modificarlo.

Y acabo con que no es posible que la vocación pública venga como inspiración divina y al día siguiente desaparezca. No es posible pasar de lo público a lo privado y de lo privado a lo público como quien no quiere la cosa y no pasa nada. Es posible trabajar por la comunidad desde lo privado pero no se puede permitir trabajar para lo privado desde lo público.

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connexions amb valor afegit?

La setmana passada Mariano va anunciar al Congrés dels Diputats un paquet de mesures per reduir el dèficit públic en 65.000 milions d’euros, entre elles, la pujada de l’IVA, la baixada de sou de tots els treballadors públics, de les prestacions socials… retallades que afecten al conjunt del sistema públic i que van encaminades a una destrucció massiva dels drets socials.

Sorprèn veure com el mal anomentat “món de la cultura” apareix posicionat només quan li han tocat les garrofes. Els governs i els mitjans de comunicació en tenen molta responsabilitat en això, no és nou, però també els propis protagonistes de la cultura que entren en el joc. Només cal veure els comentaris a les notícies publicades a la premsa la majoria en la línia de recriminar als “artistes” que només es queixen quan els hi toquen els diners.

Si seguim una mica a la premsa com s’han anat desenvolupant els fets trobarem això:

El dissabte 14 de juliol es publica a portada que el món cultural bull per l’IVA al 21% i apareixen uns personatges que representen als empresaris de la cultura: els teatres, la música, el cinema, promotores culturals… La reacció del conseller és ràpida, com si el partit que l’ha nomenat no fos corresponsable de la situació: “la pujada de l’IVA és desmesurada i desproporcionada”  i afirma que en el paquet de mesures impulsades pel govern central hi ha “elements incoherents” com si tot el conjunt de retallades no fos en sí mateix una profunda incoherència que amaga la destrucció dels drets socials bàsics. Què passa? que si protegim l’IVA de la cultura la resta de coses s’aguanten? Va, home va….

Immediatament, el conseller convoca els principals representants de les empreses culturals del país el dimarts 17 de juliol “Mascarell s’ha reunit amb el president del Gremi d’Exhibidors de Cinema, Camilo Tarrazón; el president de l’Associació de Teatres de Catalunya, Daniel Martínez; el de Productors Audiovisuals Federats i el director del Primavera Sound, entre d’altres. Tots han coincidit a fer un diagnòstic pessimista de la situació, però han deixat clar que no pensen quedar-se de braços creuats”    I, per la tarda, el portaveu del govern anuncia que el govern impulsa línies d’ajuts per a empreses culturals com un gest davant la pujada de l’IVA. Aquests ajuts estan relacionats amb projectes culturals del diferents sectors industrials: edició editorial, edició discogràfica, explotació i distribució d’espectacles a Catalunya i distribució audiovisual… Es tracta d’una línia de crèdit de 7.730.500 euros que “vol donar suport financer a les empreses culturals perquè puguin tirar endavant els seus projectes, sempre que aquests tinguin una vocació de mercat”.

Ja hem arribat, la cultura és mercat, uns (els empresaris) i d’altres (el govern) consideren que la cultura és mercat i que el que cal fer és donar suport al mercat… Un altre cop amb la mateixa cançoneta: la simplificació periodística, l´el·lipsi política, la cultura és la indústria cultural, la política cultural és només per la indústria… El govern i les indústries culturals units per la pujada de l’IVA

Per si no fos suficient, el mateix dia que tot el sector públic està convocat a ocupar els carrers de totes les ciutats d’Espanya, sembla que el “món de la cultura” surt al carrer a defensar-se a sí mateix, al costat dels polítics que estan propiciant aquesta situació i dels empresaris carrinclons: el cercle de cultura alerta del col·lapse per la pujada de l’IVA. El conseller de Cultura també es planteja canvis de règim jurídic d’alguns equipaments per a superar la pujada de l’IVA. D’això segur que en pot parlar amb els seus companys de govern que en saben un tou de com fer virgueries jurídiques per saltar-se els impostos i treure’n beneficis. La corrupció ja és una forma instaurada de govern en aquest país, impune, només cal veure com se’n sortiran els de CiU del cas Palau, per la porta gran.

El resultat de tot plegat van ser els titulars de la premsa després de la gran manifestació de dijous a Barcelona “manifestació massiva del món de la cultura per la pujada de l’iva” quan en realitat la manifestació estava convocada en contra del conjunt de mesures del Govern Central. Afortunadament, en començar la manifestació la gent convocada a la porta del Teatre Borrás ens vam diluir en el conjunt i ja no era important la pegatina del Time Out “la cultura no és un luxe” sinó el crit col·lectiu en defensa dels drets socials. Aquest és el camí i hem de fer possible un canvi de rumb en els esdeveniments, en la politica, sense caure en la desunió, superant l’atomització del món cultural i trobant zones comunes des d’on reivindicar nous models, pensant en comú amb la resta de moviments socials.

Avui ho escrivia, amb molta claredat i contundència, Javier Pérez Andújar a El País   citant Agustín García Calvo “la no realidad no puede explicarse desde la realidad pues el sistema todo lo absorbe, hay que salirse cuanto antes” I, des del meu punt de vista, sortir-se’n significa denunciar permanentment i sistemàticament aquestes connivències polítiques i els intents de manipulació de la ciutadania; pensar, pensar i pensar críticament, crear un discurs nou, propi, diferenciat del neoliberalisme extensiu actual i capaç de confrontar-lo i superar-lo. Som capaços de fer-ho col·lectivament. El marc és el #15m, cal desenvolupar-lo i cercar nous nodes de connexions que ens portin altres valors afegits. I, per descomptat, no estem aquí per negociar res, els drets socials no són negociables.

La cultura és un dret. Sense drets socials no hi ha cultura.

#endefensadelsdretssocials

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